NICANOR EL ASESINO última versión desde Manchester

 

 

NICANOR EL asesino versión ampliada

                                  I

Todas sus desgracias habían empezado cuando NICANOR tenía catorce años, y el verdadero culpable era, en el fondo, su profesor de matemáticas Juan Cruz. Un bilbaíno muy machote, ex pelotari,  que había colgado sus hábitos de cura en su pueblo, para trasladarse a Barcelona en busca de un trabajo que vaya si encontró.

Cruz era un hombre todo él envarado, de tez pálida, con sus grandes ojos oscuros,  sus dientecillos puntiagudos que aparecían un instante bajo su bigotito negro, con chaquetas demasiados largas que parecían mantas del mal paño muertas. Siempre le hacía salir a la pizarra y le ponía las divisiones más difíciles para ponerlo en ridículo ante toda la clase. “Zoquete, Nicanor , eres un estúpido zoquete…Nicanor, pero mirar que nombre tan feo te pusieron tus padres…”.

Aún recuerda pasados más de cuarenta años,  cuando en las únicas convivencias escolares que sus padres le pagaron desde Murcia, como su amigo Julio TRENARDÉ, por haberse meado en la cama lo tuvo toda una fría tarde otoñal obligado a estar de pie  al final de las escaleras que conducían a los dormitorios de aquel antiguo monasterio transformado en casa de colonias escolares, a la vista de todos. Tenía fijada en su memoria la cara empapada de lágrimas del pobre Trenardé, cubierto con la sábana con la mancha amarilla,  y como su pequeño cuerpo temblaba de miedo y de vergüenza ante las burlas de que era objeto. Ninguno de los otros profesores, casi todos religiosos, ninguno, nadie hizo nada por Trenardé; del que nunca más supo cuando dejó sus estudios de primaria. Alguien le había contado que había muerto en una excursión alpina, pero NICANOR era de los que si no lo veía,  no se creía nada.

 Aquella tarde noche de colonias,  lloviendo a cántaros, NICANOR sintió tanta rabia que huyó del maldito monasterio  y volvió a Barcelona en autostop, gracias a un camionero que lo dejó a la entrada de la Meridiana. NICANOR antes le había robado la cartera, y aquel acto tan vil  al cabo de cuarenta años aún le producía malos sueños.

II

Pasados unos años, NICANOR tuvo su primer delito de sangre. Se encontraba en un Aeropuerto provinciano esperando un avión que llevaba unas diez horas de retraso. Agazapado en un sofá intentaba dormir, al  menos dormitar algo para aliviar la enorme ansiedad que sufría. Aquel niño ya no tan niño no paraba de gritar y correr , sus gritos eran como los de un gorrino acabado de degollar, como los que iba a ver al Matadero de Murcia con su tío Paco, ganadero de la región. Llegó un punto que,  al verse despertado por los chillidos del crio ese que había soportado horas y horas, decidió coger su mini fusil con silenciador que todavía no había facturado con su gran maleta. Tenía la licencia en regla, era además indetectable a los controles; así se lo habían vendido por internet,  y no tendría demasiados problemas para llevarlo consigo, pensaba él. Se dirigió primero a la madre del crio , una gorda que se pasaba las horas comiendo grasientos ganchitos de queso sin llamar la atención por las molestias que ocasionaba al que se suponía su hijo;  pegada toda la noche, inpertumbable,  a su gran teléfono portátil vociferando palabrotas con no se sabe quién. La disparó directo a sus ojos de cerda criadora y dejó de comer los asquerosos ganchitos. Al marido, que se escondía suponía avergonzado detrás de unas columnas, no le dio  tiempo ni de levantarse, otro disparo certero entre sus ojos de oveja.

 

Quedaba el gordito chillón ese , que corría por la otra punta; pero algo le detuvo, no sabía el qué pero algo le impidió convertirlo en su tercera víctima de aquel día. Nadie se dio cuenta de nada, las escasas personas que también esperaban su vuelo dormían apartados y dispersos; regresó a su asiento, guardó su fusil en otra bolsa de plástico que sacó de su maleta, y salió un momento a fumar a la calle; aprovechó que justo en aquel momento pasaba el camión de la basura para tirar aquella bolsa con el arma del doble crimen. Regresó otra vez a la sala de espera para recoger su maleta, marchándose tranquilamente de aquel sitio maldito.

                                                   III

NICANOR se acordaba mucho de su única hermana, Remedios. Soñaba que la veía de lejos, corriendo hacia no se sabe dónde.  Perdió el juicio cuando las monjas esas le quitaron a su única hija Cornelia. La sobrina que Nicanor no conocería jamás. La niña robada. Su hermana sobrevivió un año gracias a una verdulera del Borne que se apiadó de ella y cada noche la obligaba a tomar caldos de gallina vieja con verduras. Un día, como le explicó aquella buena mujer, salió con la excusa de que quería subirse a la Golondrina del puerto de Barcelona, y nadie volvió a verla. Meses después, en una mañana helada de febrero, la encontraron colgada del Puente de Vallcarca. Ahora reposa en una fosa común del Cementerio de Montjuic, y la llevo un ramito de violetas algún domingo,  le explicó la verdulera.  

Dos años después,  NICANOR disfrazado de cura,  con una sotana que había afanado un colega que trabajaba de taquillero en el Liceo, se acercó al convento de aquellas monjas que habían matado a su hermana; pidió por la Madre Superiora, esperó sentado en un banco con sus manos entrelazadas y su canbeza gacha, y al salir a verle aquella vieja cacatúa, se medio arrodilló y la clavó un navajazo en su barriga amorfa para que sufriera aún más, y la dejó agonizando mientras pedía a gritos ayuda de la Santa del día.  Nicanor con toda la serenidad que sabía, entró en la iglesia medio vacía,  y camuflado entre la parroquia sólo tuvo que esperar diez minutos a que acabase la misa para poder salir tan pancho. Tiró la navaja en el pozo que había junto a la C.  Hospital, y nunca mas se supo. 

                                                  

                                                            IV

NAVIDAD 2002

Al habla un oyente. Hola soy NICANOR.   Encantado.  Desde  dónde llama Sr.. ? … interferencias… pues usted dirá y feliz día de Navidad… . NICANOR, es mi nombre, me dedico al mal.   Desde que despierto hasta que me duermo. Soy un hijo de puta. Me organizo para  hacer daño, a las 4 madrugá me levanto y  cavilo por quién debo empezar. Solo, sentado en la mesa de la cocina que cubre un tapete de hule rojo que parece estropajo de lo viejo que es , me tomo mis pastillas a la tuntún , y una cafetera grande de café hirviendo que tomo sin azúcar negro como el cojón de mi gato , el otro se lo corté hace dos semanas. Negro  azabache  pulgar redondo con dos pelillos blancos, que a veces se los arranco de cuajo, así es el cojón de mi gato.

 Al locutor se le ha cortado la voz, la respiración , incapaz de reaccionar, ante la  voz lenta, pausada , parsimoniosa, letal. 

 Llama una oyente que quiere ayudar a NICANOR . El locutor alucinado cree que esta Señora con voz casposa será de gran ayuda para Eduardo.   Que  quiero ayudarte Nicanor, conocerte. Qué quiere decirme señora. Cuando quiera aquí estoy que   quiero ayudarte a que seas todavía más malo. Pero Sra. CAMILA si lo que quería usted es ayudar a las personas.  Cállate pijo vadeprogre   que noto el acento de tu catalán de Barcelona, de mierda,  hablado de la Diagonal hacia arriba. Que he sido Conserja del Club tenis Barcino.

Que ….. CAMILA perdona si te he dejado con la respuesta en los labios. Lo que yo te digo es que no seré problema porque juntos podemos hacer más mal que nadie. Ya sabes CAMILA , vente a vivir conmigo, yo pongo  habitación y comida.  El silencio se prolonga. No sabes la ilusión que me has dado. La mayor ilusión de mi vida . Te haré feliz en todo lo que tú quieras. Seré tu esclava sexual. Tomaremos el cafetito juntos ¡, bien calentico, que yo te prepararé cada día;  y en unos Cuadernos apuntaremos a quién vamos a putear hoy. Lo pensaremos todo juntos. ¡Que alegría mes das Nicanor¡.  Silencio . ¿Nicanor? . Silencio.   Nena , pues no va a pasar. Te quedarás sola en tu casa , cacho cabrona, que no te quiero ni ver la cara de zorra que debes de tener. No te quiero ni ver. Silencio. Lloros reales de CAMILA. Pero,  ¿por qué me dices esto ahora?   Te lo digo para putear  tu alegría. Te quedas sola en tu asquerosa casa. ¡Anda y que te jodan¡.    Cuelga el teléfono.

El locutor sintió como si le hubieran rebanado el cuello con aquellas palabras. 

                                               CONTIUNARÁ

 Nota del autor: Nada de lo que dice está grabado. Escrito de memoria con algún apunte en mi cuaderno de la mesita de noche. Lo prometo, por mi hijas que digo la verdad, lo prometo.

Textos adaptados en Manchester el 7 de noviembre 2020

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