LOS CUADERNOS SIN FIN DEL ABOGADO NICOLÁS RUBIÓ
LOS CUADERNOS SIN FIN
DEL ABOGADO NICOLÁS RUBIÓ SOL
INTRODUCCIÓN: PLANETA TIERRA: El 1 de enero
de 2036, a las nueve horas, quince minutos, Corea del Norte lanzó
decenas de misiles nucleares contra Japón y Taiwán, este brutal ataque devastó
Tokio y Seúl, causando millones de muertos y de este modo se inició la Tercera
Guerra Mundial. La OTAN no tardó en responder
con otros ataques nucleares que borraron del mapa PYONGYANG y las principales
ciudades de Corea del Norte. Los
conflictos se fueron extendiendo por el efecto dominó en otras zonas del
planeta. Kiev fue destruida por Rusia que acabó anexionándose a Ucrania; como
represalia, y ante las pruebas evidentes de su colaboración con Corea del
Norte en este despiadado ataque por
sorpresa, Moscú y San Petersburgo fueron
prácticamente destruidos, el
Kremlin quedó hecho añicos. El comercio mundial quedó en punto muerto, las bolsas sufrieron la mayor bajada de su
historia, la escasez de recursos resultó
inaguantable y la supervivencia humana insostenible, a diario cientos de miles
de personas sin recursos moría de hambre.
La situación era apocalíptica. Circulaban
recientes Informes de alto secreto de científicos de la OMS, algunos premios
nobeles, concluyentes: como mínimo un
tercio de la población mundial debería desaparecer para que sobreviviera el
resto. En todos los países se dictaron leyes para facilitar la eutanasia,
eliminando obstáculos legales, con anuncios por TV invitando a morir sin dolor.
Sociológicamente, la muerte sin dolor se sugería solapadamente por las redes
mediante la IA, como la única escapatoria honorable.
Norteamérica
estaba dividida: por un lado, en los Estados del norte con mayoría demócrata,
algunos estados del Medio Oeste, de mayorías de republicanos moderados, en California
y Canadá se mantuvo el Estado de Derecho, y el otro bando,
básicamente en el sur y el centro de la
américa profunda, mandaban los Republicanos más ultras liderados por el hijo de
Trump, Erik, quien tras abolir la Constitución, mandaba por Decreto a su
antojo, y los Gobernadores sátrapas callaban y obedecían las órdenes de su boss. Dallas fue designada la capital
del sur, cada día se ejecutaban a
cientos de personas, en especial a negros y a latinos sin empleo, muchos sin juicio previo. Todo el mundo sospechaba
de todo el mundo. Se crearon multitud de sectas que practicaban el sacrificio
de bebés raptados o comprados. La idea
de la llegada del fin del mundo se extendía como una mancha de petróleo. Millones de personas libre pensadores, negros
y latinos huyeron hacia el Norte. Tras los Acuerdos Nashville (Tennesse) en
2040, que evitó una tercera Guerra Civil, se establecieron fronteras que delimitaban los
dos frentes. El pragmatismo se impuso exclusivamente por motivos de necesidad
económica. Los antiguos EEUU dejaron de liderar el mundo.
En
Europa, los gobiernos populistas de extrema derecha abandonaron la UE. La capital se trasladó de
Bruselas a París. Bélgica se veía amenazada por
incursiones de miembros del nuevo Partido Fascista Flamenco. Los países
del Este europeo siguen los dictados de Rusia y de China, formando el Pacto de
Budapest. Finalmente se suscribieron varios tratados comerciales que se
solemnizaron con el llamado Tratado de Malta
el quince de diciembre de 2039,
lo que supuso el inicio del alto el
fuego, y tras semanas de arduas
negociaciones el final de la Guerra. El
anciano Putin falleció en 2034 y
en Rusia se formó un nuevo gobierno tecnócrata, aperturista, liderado por kriussov. En febrero de 2039 se produjo un hecho
inesperado que cambiaría el Mundo, en el
congreso del Partido Comunista Chino resultó nombrado por sorpresa Xin Si Sap,
un hombre formado de joven en la Sorbona que logró convencer a los rusos y sus
aliados para que se adhiriesen al Tratado de Malta. En las
zonas más castigadas, millones de soldados y voluntarios eliminaban los restos
de globos o minas con elementos radioactivos.
El clásico modelo de clases ha cambiado: Los más ricos, denominados
“Extraordinarius”, viven en grandes
mansiones, en Nueva Zelanda, Australia o Alaska, otros huyeron al espacio para
poblar nuevas ciudades subterráneas con todo tipo de lujos en un nuevo planeta
habitable llamado “Exitus” que fue descubierto el año 2038. Pocos años antes se
constató, tras diversos intentos fallidos, que científicamente era imposible
poblar el planeta Marte. Si el viaje no te mata, puede que te mate vivir aquí,
explicaba un astronauta con una voz entrecortada en su último mensaje recibido
por la NASA en Cabo Cañaveral.
La
antigua clase media pasa a denominarse “Rentabilis”
y proporciona mano de obra y técnicos medios cualificados al sistema
productivo. Viven protegidos en ciudades alejadas de las costas por el
constante aumento del nivel del mar, poco a poco los servicios van restableciéndose, pero el
panorama es dramático. Los
supervivientes más desfavorecidos, llamados “Infortunatus bonis”, viven
hacinados en grandes buques a dos millas de las costas, tienen sus servicios
mínimos cubiertos y constituyen la mano de obra necesaria para el sistema. En España, se mantiene la Constitución de
1978 bajo el reinado Leonor I, una mujer
liberal y dialogante. El nuevo Gobierno tecnócrata de salvación estatal elegido
por mayoría absoluta, asignó, por Real Decreto Ley, viviendas en colonias que se construyeron en
las zonas habitables más altas del país, a los denominados “Fortunatus
ilustratus”, muchos de los cuales formaban parte de la élite dirigente. Sólo
unas decenas de miles de Licenciados en
la “Facultad del Talento y de la buena educación”, podían obtener este estatus.
En Catalunya, estas islas donde se veneraban los principios de la Ilustración, llamadas
Fortunatias, estaban dispersas e interconectadas por todo el
Pirineo y en el Parque natural del Montseny. Montserrat, donde se construyeron defensas anti
aéreas, fue bombardeada y
la montaña se partió en dos. No quedó ni la Moreneta.
FORTUNATIA AÑO 2042: Al instalarnos en Fortunatia, cerca de Viladrau,
junto con mi padre, Amadeo Bachs de Carena, ocupamos un moderno edificio de
piedra gris coronado de pizarras, rodeado por una avenida de castaños y de
estructura idéntica. Había un pequeño parque estrecho, tupido y húmedo, un
bosque en miniatura de dos hectáreas de robles y abetos, compartido con
pájaros, ciervos, musarañas, ardillas, conejos, lobos y zorros. En invierno, las heladas
daban a las cosas más triviales y simples una transparencia y una dureza
celeste, única. Una mañana mi padre, que enviudó cuando yo tenía solo dos años,
bajó al sótano para revisar la caldera para la calefacción, encontró en un
rincón escondido del garaje un gran baúl de madera cubierto de piel y lleno de
polvo. Al abrirlo, asomaron decenas de cuadernos manuscritos y enumerados, en
total, doscientos ochenta ejemplares con seis mil diez páginas escritas en
forma de diarios. Le sorprendió que no figurase el nombre completo de su autor,
solo aparecía el título "Cuaderno sin fin del abogado Nicolás S."
Félix, ¿te interesan estos cuadernos o los tiro?, estudiaba Filología
Hispánica, Literatura y Filosofía, y asentí.
Mi padre apenas me habló de
mi madre. Nos divorciamos cuando quedó embarazada de ti y nunca más supe nada
de ella. Hijo mío, te suplico que respetes mi silencio; tengo mis motivos. Aquí
tienes un sobre con unas pocas fotografías suyas. Eva, la madre que me abandonó, era una mujer
alta, muy delgada y elegante, con un aspecto temperamental pero rasgos muy
dulces. Sus ojos eran de un azul intenso, como el Danubio; eran maravillosos.
Tuve que acatar su silencio y mi trauma por no conocerla. No recuerdo nada de
ella ni podía cambiar lo que había sucedido.
Me costó mucho aceptar la realidad
pero logré superar el hecho con coraje, templanza, estudios y lectura. Durante varios meses no presté atención a los
cuadernos, hasta que un buen día bajé al sótano para poner a punto todo mi equipo
de escalada para ascender al Everest- tenía programado el soñado viaje a Nepal
para el verano - tropecé con el baúl y elegí una cuaderno azar. Una vez abrí
camino a través de los primeros párrafos, me convencí de que en aquellos
manuscritos del abogado Nicolás R. había encontrado una obra maestra de la
literatura universal. Fue toda una revelación; me vi arrastrado con mano firme
por aquel narrador tan poderoso. Siempre recordaré aquella tarde invernal del
año 2042 en que inicié mi inmenso trabajo, había sido el atardecer más dulce, más azul violeta de toda mi vida.
Al no constar sus dos apellidos, ni un teléfono, ni una dirección, decidí consultar los archivos del ICAB, se lo
pedí a mi mejor amigo el Abogado Marimón Marimón, otro Fortunatus, Doctor en
Derecho y Sociología y asesor independiente del Ministro de Justícia –no te
cases jamás con nadie, le decía con su fina ironía- , a quién nombré apoderado y más tarde mi
albacea. Marimón encontró una veintena de abogados que se llamaban
Nicolás, y para mi suerte sólo uno tenía un primer apellido con la letra
inicial R, así logré averiguar su
identidad completa: Nicolás Rubió Sol,
nacido en Barcelona el 13 de noviembre de 1961, el año de su colegiación: 1992 y la fecha de su defunción
por una embolia cerebral a la temprana edad de 55 años, el día 31 de diciembre
de 2016.
Al día siguiente, mi robot
Mortadelo averiguó a través del robot del Registro Civil de Barcelona, Filemón, que Nicolás falleció
soltero por causas naturales y que no tenía familia. En uno de sus cuadernos, el más bibliográfico, Nicolás narró que sus
padres murieron en un accidente de circulación cuando tenía veintisiete daños, quedó traumatizado de
por vida, heredó una cuantiosa fortuna y
dejó de ejercer su profesión para
dedicarse a escribir aislado en su casa
familiar de Sarriá, acompañado por Marta, su cuidadora de toda la vida. Voluntariamente,
al borde del suicidio, ingresó en un
Centro psiquiátrico por su depresión crónica y su adicción al alcohol, donde estuvo dos años sin dejar de escribir.
Al cabo de tres días, llamé por
videoconferencia a Marimón, quería consultarle sobre la propiedad de aquellas
cajas y su contenido. Tras los saludos y
bromas de rigor, con su parsimonia habitual Marimón sacó de su vieja cartera de
piel su manoseado Código Civil, lo abrió y recitó, gesticulando con los brazos
abiertos como si expusiera sus conclusiones finales en un juicio: Félix, atiende con atención. El artículo 610
del Código Civil dice: “Se adquiere por
ocupación los bienes apropiables que carecen de dueño, como los animales que
son objeto de caza o pesca, el tesoro oculto y las cosas muebles abandonadas”.
Por lo tanto, y en resumen: la caja con los doscientos ochenta cuadernos es
tuya. Se consideraría una cosa mueble abandonada en vuestra casa, como si fuera
un tesoro enviado del cielo. Si los publicas y tienen éxito, yo mismo
gestionaré su inscripción a tu nombre en el Registro de la Propiedad
Intelectual y serás el dueño de los derechos de autor. Acepté agradecido su propuesta. Los doscientos ochenta cuadernos
con seis mil diez páginas me pertenecían. Marimón empezó a contarme un caso
terrorífico que acababa de recibir, prometiéndome que me pondría los pelos de
punta, pero yo ya no lo oía. Solo pensaba en que la obra era mía y en lo que
significa tener talento. Honoré de Balzac escribió que no existe un gran
talento sin un gran esfuerzo de voluntad. Picasso dijo que la inspiración
existe, pero debe encontrarnos trabajando. Y, por último, Albert Einstein
confesó en sus memorias: No es que yo sea muy inteligente, es solo que paso más
tiempo en el laboratorio estudiando los problemas. Aspiré profundamente, poseía una clarividencia
total e irrefutable, una seguridad en mí mismo hasta entonces desconocida.
Debía abrazar la disciplina y organizarme. Escribiría un mínimo de ocho horas
diarias. Me levantaría a las cinco de la madrugada, saldría a correr sumido en
el amanecer de los bosques y meditaría. Al regresar, tras una ducha fría, tomaría una
cápsula de “concentra”, un frugal desayuno con zumos vitamínicos y mucho café.
Escribir es muy duro, te encuentras con una hoja en blanco en la más absoluta
soledad. Hay días donde fluye la imaginación y otros en los que te quedas
anclado.
En los Cuadernos encontré
muchas páginas que hablaban de Malcolm Lowry, un claro ejemplo del género de la
literatura sin fin. Me impactó su narración del descenso a los infiernos. El
remordimiento y la voluntad de redención a través del arte. Lowry, como
Nicolás, representó los límites de la ruptura, el camino que proyecta el
alcohol entre la vida y la literatura. Su obra maestra "Bajo el
volcán", escrita en 1947, fue llevada al cine por John Huston en 1984, con
Albert Finney interpretando magistralmente al ex Cónsul Británico en México,
George Firmin, en su descenso hacia la muerte en Cuernavaca. Su
lectura, escribió Nicolás, te deja una sensación inenarrable de percibir que estoy ante el
tipo de escritura que mejor se relaciona con la verdad de un mundo
incomprensible. En uno de los últimos cuadernos encontré una frase de
desesperación que me conmovió profundamente: "consumí libros y fui
consumido", una señal de que la vida de Nicolás se estaba agotando. Él fue
capaz de trascender creativamente tanto su propio sufrimiento como el
sufrimiento en su entorno. Muchos de sus personajes padecían de obsesión, venganza,
locura y una brutalidad horripilante, como la del asesino en serie Doctor
Melón, cuya vida ocupaba casi todo un cuaderno.
Tras muchos estudios sobre
la literatura sin fin, pude constatar que los libros sin terminar tienen en
realidad una buena tradición literaria y al mismo tiempo son un género en sí.
Representan una de las vidas que podríamos haber llevado, uno de los viajes que
no hemos realizado. Este género podría haber comenzado con los "Prefacios
a obras no escritas" de Friedrich Nietzsche. Aunque Roland Barthes es
seguramente el ejemplo más impresionante y trágico de un autor cuyo libro
planeado no se escribió. Un lluvioso 26 de marzo de 1980 el escritor y
semiólogo Barthes fue atropellado por el conductor de una furgoneta de una
lavandería frente al Collège de France” en París, falleciendo tres semanas después en el hospital donde fue
trasladado. A diferencia de Marcel
Proust, quien murió antes de haber
terminado las últimas partes de su “En búsqueda del tiempo perdido”, Proust
siempre mantenía una copia de sus borradores para publicarlos en caso de que se
muriera antes de tiempo. Como escribió George Steiner: Un libro sin escribir es
más que un espacio en blanco. Está cargado con el trabajo que uno ha hecho en
la sombra. La prosa de Nicolás era clara,
límpida, precisa y directa. Todos los adjetivos eran acertados y las
descripciones demostraban una imaginación inaudita. Contaba episodios y
reflexiones de su vida diaria y del mundo en general, en sus relatos mezclaba la
realidad con la ficción, experiencias pasadas, miedos, propósitos, relatos de
terror y ciencia ficción, así como anécdotas triviales. Reproducía citas
perfectamente elegidas y combinaba magistralmente realidad y ficción, que me
recordaba el estilo de su admirado escritor Enrique Vila-Matas. Su letra era menuda pero clara; a veces
costaba entender algunas palabras, pero con la ayuda de una gran lupa de 5X,
logré descifrarlas. Decidí
copiar todos los Cuadernos sin fin del Abogado Nicolás Rubió Sol, dictándolos
por voz en Windows 10 en mi PC, uno de los mayores avances de la IA, como solía
decir mi padre cuando me lo regaló. De hecho, las teclas habían desaparecido.
Mi padre cada mañana paseaba unas dos horas
por el campo; su pasión por las flores le producía sentimientos de felicidad,
sorpresa y alegría. Hijo, cada flor
tiene un significado único y profundo, compuesto por colores, olores, formas y
sensaciones que hacen que un momento insignificante pueda llegar a ser mágico,
me decía tras su excursión matinal. Luego, se acomodaba en su despacho y pasaba
el día leyendo, estudiando jurisprudencia y escuchando música. Estaba inmerso en una biografía de su
devoto Cicerón, el padre del Derecho, Félix. Hijo mí, soy un estoico convencido y procuro
seguir a rajatabla todos los principios recogidos en las obras de Marco
Aurelio, Séneca, Epicteto y otros que voy descubriendo. Sólo en la búsqueda de
la virtud encontrarás la verdadera felicidad; la calidad de tu vida depende de
la calidad de tus pensamientos —me decía mientras me entregaba las
"Meditaciones" de Marco Aurelio—. Y no te agobies por sucesos que no
dependan de ti, toma, es tuyo, creo que
te puede ayudar a sobrevivir.
Dos años después, mi padre
Amadeo falleció a causa de un paro cardiaco. Lo encontré sentado en su sofá con
su pipa en la boca, su humo dulzón danzaba sinuosamente por su
salón-biblioteca. No quise molestarlo, podía oír la trompeta de Miles Davis en
su obra maestra “King of blue”. Pasados
unos minutos, lo llamé desde la cocina. ¿Papá,
qué te preparo para cenar?—le pregunté dos veces, al no oír su respuesta, me alarmé y presentí
lo peor. Entré en el salón y lo
encontré sonriente, con la pipa aún encendida. Le tomé el pulso y constaté su
muerte. Lo vi tan sereno que me alegré por él. La bella dama vestida de negro
se lo había llevado al paraíso. Murió leyendo y fumando, sin dolor. Le cerré
los ojos, retiré su pipa no sin dificultad y llamé a la ambulancia. Su entierro
fue solemne pero discreto, acudieron varios ministros, Marimón y unos pocos
amigos académicos.
Siempre recordaré la
felicidad de aquellas noches con mi viejo viendo películas sobre juicios. Sus
favoritas eran "Matar a un ruiseñor", basada en la novela homónima de
Harper Lee, que ganó el Premio Pulitzer
en 1961. La película dirigida por el excelente artesano Robert Mulligan fue
interpretada magistralmente por Gregory Peck, quien encarnó al buen y noble
abogado sureño Atticus Finch, defendiendo al verdadero ruiseñor, un hombre
negro bajo el acecho de las turbas racistas.
Pero sin duda alguna, su película preferida era "Doce hombres sin
piedad", dirigida por el gran Sidney Lumet, y con un reparto de lujo:
Henry Fonda, enfrentándose usando la razón al ceñudo Lee J. Cobb, logra
convencer al resto del jurado, que incluye a grandes actores secundarios como
E.G. Marshall, Martin Balsam y el viejo Ed Begley, que al final del film acaba despidiéndose de
Henry Fonda con un fuerte apretón de manos u una sonrisa inolvidable en las
escalinatas de la Corte de Nueva York, para absolver a un desgraciado chico de los
barrios pobres acusado de haber
asesinado a su padrastro. Toda la película, rodada en una sola estancia,
transcurre en la tórrida sala donde se reúnen los doce miembros del jurado. Es un ejemplo extraordinario del principio “in dubio pro reo” – le decía su padre.
AÑO
2052:
He dedicado diez años trabajando metódicamente ocho horas diarias hasta tener
casi terminada la transcripción de toda aquella obra monumental de seis mil
diez páginas. Mi objetivo ahora es realizar una revisión exhaustiva de todo lo
transcrito, efectuar algunas correcciones de forma; jamás del fondo, es
intocable. Llegó el verano, faltaban quince días para viajar por fin al Nepal y
lograr mi sueño de coronar la cumbre del Everest. Finalizar la reproducción de los Cuadernos
sin fin de Nicolás es mi misión y nada ni nadie me impedirá completar su obra.
Con la edad, pasaba el día con mi sudadera, apenas salía; me di cuenta de que
mi casa necesitaba orden. Debo confesar que soy un desastre en las tareas
domésticas; apenas sé hacerme una tortilla. Hasta que un día decidí contratar a
Manolita como asistenta. Era una joven
aragonesa tozuda, rellenita, bajita, vigorosa, Siempre sonriente, y con un gran sentido del orden y la limpieza,
su obsesión. Estaba predispuesta a ayudar en todas mis necesidades; al
comprobar su excelente trabajo, tenía la ropa siempre limpia y perfectamente
planchada, y me dejaba la comida preparada en recipientes de vidrio que
guardaba en la nevera y que solo tenía que recalentar. Tenía prohibido entrar
en mi despacho cuando estaba trabajando, salvo cuando la llamaba, y no debía
tocar nada de mi mesa de estudio. Ni se
te ocurra limpiar mi ordenador, yo me encargo personalmente, que te
conozco...", la advertí. Estaba encantado
con su trabajo y la contraté tras una semana de prueba. Me encariñé de
Manolita; mantenía la casa impoluta y se pasaba el día cantando bonitos boleros
o jotas de su tierra. Casi cada mañana desayunábamos juntos. Señor Félix, el secreto de la limpieza es
agua muy caliente, vinagre y sobre todo una nueva y potente lejía desinfectante,
me decía. Las plagas por nuevas sustancias químicas y restos de elementos
nucleares, así como la aparición de insectos desconocidos, eran cada vez más
frecuentes; las garrapatas y las cucarachas habían mutado, y su tamaño triplicado, una picada podía
llegar a ser mortal.
Una mañana cualquiera, aquella
joven se dirigió a mi despacho. Tocaba limpiar el estudio, después de hacer la cama turca donde muchas
noches dormía, fregó el suelo. Cuando se disponía a sacar el polvo de la mesa
de mi despacho, donde tenía mis papeles con los cuadernos, Manolita topó con la
fregona, cayó al suelo y toda una botella de la potente lejía que
llevaba en sus manos se derramó encima del PC. Quedó fundido y un olor a
quemado se expandió por toda la casa. Félix no daba crédito a sus ojos,
desesperado, trató de salvar el disco duro donde tenía diez años de trabajo,
pero todo fue en vano. Incluso viajó a Silicon Valley y pagó una fortuna para
que los mejores informáticos del mundo intentaran salvarlo, pero fue imposible;
la lejía había calcinado el disco duro. I am very sorry Mr. Félix, your PC is melted, bleach
is an acid that destroys everything. La mala suerte. No tardó ni cinco minutos en despedir a
Manolita. ¡Tiene quince minutos para
recoger sus pertenencias y marcharse de esta casa! ¡No la quiero volver a ver
jamás!, bramaba Félix transformado en un monstruo, mientras aquella pobre mujer
no paraba de llorar como una boba. Por su torpeza, todos sus años de trabajo,
toda su vida, se esfumaron. La mala suerte.
"¡Imbécil, imbécil! – Félix fuera de sí, se golpeaba la cabeza con
la pared . ¿Por qué no compraste el Pendrive? ¡Maldita lejía! ¡Maldita
lejía!. Sus ojos desprendían fuego,
hasta que quedaron en blanco y se desplomó.
Mientras, Marimón llamaba a Félix, tenía que firmar unos documentos del Registro
de la Propiedad Intelectual. Se pasó toda la mañana tratando de contactarlo
pero al no recibir respuesta, empezó a inquietarse. Presentía que algo malo
había sucedido. Félix siempre, siempre, atendía sus llamadas. Cogió su viejo Volvo y a toda velocidad, en menos de dos horas, llegó
desde Puigcerdá, donde pasaba unos días de descanso autorizado, a la casa de
Félix. Tenía un duplicado de las llaves, la casa estaba helada y notó un fuerte
olor a quemado. ¿Félix? ¿Félix?
—exclamó Marimón, al encontrarlo tendido
en su pequeña cama turca, rápidamente llamó a la ambulancia y, ante la gravedad
de su estado, Félix fue llevado en helicóptero hasta el Hospital Vall d'Hebron.
Tras horas de espera angustiosa, el Jefe de Neurología, el Doctor Roura, le
informó que había sufrido un grave derrame cerebral. Doctor, por favor, sea claro. ¿Qué
posibilidades tiene de recuperarse?" —preguntó Marimón con voz temblorosa -,
Si no responde al tratamiento de shock
que he ordenado hacerle, lo veo muy mal. Podrá vivir, su corazón es fuerte,
pero... - el médico titubeó - , ¿pero qué,
doctor?" —clamó Marimón-, Sr.
Marimón, es muy duro decirle que no
podrá recuperar el habla, no reconocerá a nadie, necesitará una asistenta día y
noche y, con suerte, puede vivir unos cinco años. Se niega a comer, no bebe; se
le tiene que suministrar todo por vía intravenosa. Sr. MARIMÓN usted tiene la última palabra. No veo
obstáculos para que las autoridades autoricen
la eutanasia. Es curioso…. de vez en cuando se pasa el día gritando ¡maldita
lejía ¡, como si le quemara por dentro.
Consultó con otros especialistas y la respuesta fue invariablemente la
misma. Finalmente acudió al Hospital y
estampó su firma autorizando la eutanasia. Entró en la habitación de Félix, y le cogió la mano, descubrió
que lloraba sin darse cuenta, las lágrimas le corrían por los lados de la cara
y le entraban en los oídos, no veía, no oía. Sentía que se ahogaba nadando. Necesitaba un cambio en su vida.
En su Bufete, MARIMÓN exhibía como una joya un
Mapamundi de piel, cilíndrico, con la
forma del planeta Tierra, auténtico, enumerado y registrado, sólo habían cien aparatos así en Occidente,
debía medir un metro de altura, lo compró en uno de anticuarios más famosos de
París : “La fille du pirate”, le
costó una pequeña fortuna, era uno de los más precisos del mundo obra del
científico J. Richard Gott, se llamaba “Winkel
Tripel”, que también diseñó el mapa del cielo. Pasaba tardes haciendo rodar
la esfera, cerraba sus ojos, se sentaba
cómodamente en su butacón y se trasladaba gravitando a lugares extraordinarios:
paseaba por los alrededores del Castillo de Dunstanburg, en la costa norte de Inglaterra, un antiguo
monumento que data de principios del S. XIV, son famosos las pinturas de Turner
del castillo al anochecer, por Riviera
Turca, la cuna del Dios Apolo ; o al Parque Nacional de Jasper en Canadá, creyéndose ser un mix
de Robert Redford y Jeremiah Jhonson explorando con su caballo los reinos de la
naturaleza más salvaje de las Montañas Rocosas.
Al día siguiente, Marimón
saltó de su cama decidido a emprender un
viaje real a lo desconocido. Necesitaba un cambio radical para seguir viviendo.
Por ello, llegó de madrugada a su despacho, se preparó su café, se acomodó ante
el Mapamundi, se tapó los ojos con un gran pañuelo negro, y con un rápido
movimiento lo hizo girar hasta que se detuviera, colocó al azar su dedo pulgar
en un punto del planeta y ¡zas¡ , estaba en Roma, la ciudad de sus sueños, se
sabía su historia desde la joven República hasta el mandato de los cinco
grandes emperadores – Augusto, Trajano, Adriano, Antonino Pio y Marco Aurelio
-, lo primero que haría sería visitar el Mausoleo
de Adriano, donde reposan sus restos. Marimón
gastó una fortuna al adquirir en una subasta de Sotheby’s el “Edicto perpétuo”,
la primera compilación de Derecho de la
historia, una de las pocas copias que se conservan datadas en el S. IV dc. El emperador Adriano, un hombre
extraordinario, transformó los “Edictos
pretorios” en el “Edicto perpétuo” que encargó a
los mejores juristas romanos: Salvio Juliano y a su ayudante Labeón, realizaron
su trabajo entre los años 130-134 dc.
Con Adriano, la administración imperial experimentó una transformación
radical, se aprobaron múltiples medidas para remediar las injusticias, hizo construir grandes infraestructuras para mejorar
la vida de los ciudadanos de su imperio, para impulsar el comercio con Oriente,
muchas todavía se conservan. Nicolás loablemente agradeció a Marguerite
Yourcenar su extraordinario libro “Memorias de Adriano” escrito en 1950, todo
lo que aprendió. Todo este activo para
la humanidad fue diluyéndose cuando desde la caída del Imperio Romano el año
476 dc. , el cristianismo de la alta Edad Media se apoderó de una Europa, un nuevo
mundo, del que casi nada sabemos. Nadie
como Ingmar Bergman en su película “El séptimo sello”, estrenada el año 1957, ha
sabido describir con imágenes la cruda realidad de la Europa medieval. Europa quedó sumida en el oscurantismo,
arrasada por la peste negra. Adriano ya
definió a los seguidores de Jesucristo como una secta que creía poseer la
verdad absoluto y de la que recelaba. Los
escolásticos veneraban la ignorancia instruida, la “docta ignorantia”. Muchos siglos después, en el hospital que lo
vio morir, Robert Walser escribió que
Dios sólo quería a los ignorantes.
Durante sus últimos años de vida, Marimón siguió anclado en su trabajo – ¡moriré con la
Toga puesta¡, les decía a sus amigos-. El precio de la libertad es la soledad,
se repetía. Seguía siendo absurdo, irónico y alegre. Se mantenía en forma
nadando a diario. En su diario escribió sus últimos propósitos: No
malgastaré mi tiempo obsesionado con deseos que ya no podré resolver ni
controlar, aprenderé a tener paciencia, abrazaré la aceptación y el silencio.
La belleza es la verdad, la verdad belleza. Había
cumplido con su último deseo: el mandato
de Félix, el hijo que nunca tuvo, ver
publicado el “Cuaderno sin fin del Abogado
Nicolás Rubió”, del que milagrosamente tenía una copia que Félix
le había enviado, dos semanas antes de la tragedia. Si Félix se hubiera acordado, las cosas
hubieran cambiado, pero no ha podido ser, debo aceptarlo. Marimón realizó los últimos retoques y los
Cuadernos fueron publicados. El éxito de
la obra fue extraordinario; años después, le concedieron el Premio Nobel a
título póstumo. Ni Félix ni Marimón vivieron para presenciarlo, pero en su
corazón sabían que así sería. Cuando cerraron sus ojos por última vez, el
último pensamiento de Marimón fue imaginar a Félix y Amadeo gravitando con él en
algún lugar del espacio donde reinaba la paz, el sosiego, la bondad y la
concordia.
FIN
Comentarios
Publicar un comentario